El litro es la unidad de medida del volumen de las botellas de
buceo. Las botellas más habituales son de
5, 10, 12, 15 y 18
litros. Las botellas están fabricadas de una sola pieza con un
orificio donde se instala una grifería para abrir o
cerrar la salida del gas. En la grifería se acopla el
regulador que facilita el aire a la presión adecuada para
respirar en inmersión. Existen diferentes griferías de una
salida o de dos salidas, en las que podemos instalar uno o dos
reguladores independientes.
La presión contenida en las botellas genera riesgos. Para
evitar que se produzcan accidentes es necesario un buen
mantenimiento y en muchos países es obligatorio que las
botellas sean revisadas por especialistas que las desmontan
para ver su estado interior y realizan unas pruebas de
resistencia, rechazando las que tienen defectos y certificando
las que son adecuadas para ser cargadas.
Las normas que regulan las revisiones de las botellas de
buceo son diferentes en cada país o región. Es necesario
respetar estas normas establecidas en la zona donde vamos a
realizar la inmersión. En los centros de buceo y en las
federaciones disponen de información actualizada sobre la
normativa local. Bucear con una botella que no cumple la
normativa es peligroso y en caso de accidente, la compañia del
seguro puede renunciar al pago de los gastos. Una botella que
no está correctamente revisada no puede ser admitida en una
estación de recargas. Los responsables de los compresores
están obligados a comprobar que la certificación o contraste
es correcto, antes de proceder a la recarga.
Una botella suelta puede golpear y ser muy peligrosa,
especialmente en los traslados en vehículos o embarcaciones.
No permitir el acceso de los niños/as a las botellas,
pues se puede producir un accidente si el niño abre el grifo
en un descuido y el aire a presión le golpea en la cara.
Otra situación que debemos evitar es dejar las botellas en
altura, como cercados de piedra o mesas, que en ocasiones
utilizamos por comodidad para equiparnos o desprendernos del
equipo al final de la inmersión, pues la botella puede caer,
golpeando y rompiendo la gritería que saltaría como un
proyectil.
Una actitud prudente es mantener la botella en el suelo
calzada, tumbada y tapada.
Para una buena conservación de las botellas es aconsejable
vestirlas con una red protectora. No dejarlas al sol y no
guardarlas en exteriores. Evitar los golpes.