La pesca con uso de explosivos
es un método ilegal e insostenible
considerado por los expertos como el más destructivo de todos los
métodos de pesca al crear grandes alteraciones en el medio
subacuático, produciendo daños en la zona de las detonaciones en
especies sin interés comercial, como tortugas, algas, moluscos,
crustáceos, aves marinas, huevos, larvas de peces, y en general toda
la fauna y flora. En zonas costeras poco profundas las
detonaciones afectan a la estructura del fondo marino, eliminando a
los organismos y también las condiciones para una futura regeneración
del lugar.
En aguas interiores de ríos, lagos o pantanos los efectos
destructivos para el medio ambiente son muy elevados y la regeneración
de las zonas afectadas puede ser muy lenta y complicada al afectar
ecosistemas especialmente sensibles.
La peligrosidad de
este tipo de pesca afecta
gravemente también a los propios pescadores, quienes están expuestos a
accidentes, mutilaciones y muertes por artefactos caseros,
defectuosos y los fallos en el manejo.
Las
explosiones submarinas
pueden ser detectadas y controladas de una forma más rigurosa por las
autoridades responsables. En la actualidad existen equipos
hidroacústicos de avanzada tecnología para la vigilancia de
esta práctica de pesca ilegal.
En los arrecifes de coral,
las explosiones destruyen la estructura física del arrecife. Esta
estructura física es crítica para el funcionamiento de los ecosistemas
de arrecife de coral. En promedio, una bomba de 1 kilogramo (35
onzas), del tamaño de una pequeña botella , puede dejar un cráter de 2
metros de diámetro, matando hasta el 80 por ciento del coral en esa
área El arrecife puede tardar cientos de años para que la estructura
física se reconstruya después de haber sido afectado por la pesca con
explosivos.