El descubrimiento lo realizó el Buzo griego Elias Stadiatis
en una zona con una profundidad
entre -40 y -60 metros,
muy cerca de la pequeña isla de
Anticitera ( en griego Antikythera). Esta isla de 20 Km cuadrados está
situada al sur del Peloponeso, al noroeste de Creta, formando el
Heptaneso con las islas Jónicas y la cercana Citerea.
Durante muchos
años los investigadores y arqueólogos intentaron averiguar el uso de
aquel extraño aparato, que parecía increible que se encontrara en un
pecio con más de 2,000 años de antigüedad.
Décadas después
de ser descubierto y con tecnología de Rayos X, los científicos
pudieron observar el interior del objeto y sus mecanismos y leer las
inscripciones que habían sido cubiertas por la corrosión. En estas las
inscripciones se encontraron referencias a la luna, el sol y los
planetas que eran conocidos por los griegos de la época (Mercurio,
Venus, Marte, Júpiter y Saturno) y otras inscripciones sobre varios
ciclos de objetos celestiales, así como eclipses que se producen cada
223 meses lunares.
Un equipo de
científicos, que incluía miembros de la Universidad de Atenas, la
Universidad de Cardiff y el Museo Arqueológico de Atenas se dieron a
la tarea de reproducir el Mecanismo de Anticitera. Usando técnicas de
tomografía computarizada desarrolladas por la compañía HP
Hewlett Packard, lograron reproducir los engranajes del aparato y
ensamblarlos en un modelo funcional.
Como resultado
los investigadores pudieron observar que el objeto es una especie de
computadora astronómica que predice la posición del sol y la luna en
el cielo. El artefacto muestra las fases de la luna en cada mes
utilizando el modelo de Hiparco. Tiene dos escalas en espiral que
cubren el ciclo Calípico (cuatro ciclos Metónicos, 4 × 19 años) y el
ciclo de Exeligmos (3 ciclos sarónicos, 3 × 18 años), prediciendo los
eclipses de sol y luna. El mecanismo mucho más sofisticado de lo que
se creía, con un alto nivel científico en el diseño.
En el año 2008,
Philip Ball y Tony Freeth, publicaron en la revista Nature
que el mecanismo podía ser utilizado entre otras cosas para fijar con
exactitud la celebración de los Juegos Olímpicos de la
antigüedad. El interior del artefacto contiene una inscripción que
indica Nemea (en referencia a uno de los juegos que fueron más
importantes), y Olimpia. Con dichos diales se fijaba con
precisión la última luna llena más próxima al solsticio de verano cada
cuatro años, fecha en la que se iniciaban los juegos.
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